
Entre disecciones y boleros: la aventura literaria del Sexto Sueño, de Marta Aponte Alsina
Sexto Sueño
Aponte Alsina, Marta, Veintisiete Letras, Madrid, 2007, 247 págs.
La publicación de la novela Sexto sueño revela una vez más el afán de la escritora Marta Aponte Alsina de lanzarse a la aventura literaria. Esa aventura literaria le ha permitido a Aponte Alsina convertirse en una de las escritoras puertorriqueñas más originales e independientes en la actualidad. A pesar de que Aponte Alsina comenzó a escribir tarde si se le compara con otros autores—debido a los años que dedicó a su labor como editora a la Editorial de la Universidad de Puerto Rico y a su propia editorial, Sopa de Letras—, supo encontrar su voz rápidamente. Al momento, esta narradora cuenta con una sólida obra literaria. Su primera novela, Angélica furiosa (1994), le dio entrada a las letras puertorriqueñas con paso firme. A esta novela, le siguieron la novela El cuarto rey mago (1996), la colección de relatos La casa de la loca (1999/2001), la novela Vampiresas (2004), y la novela-colección de relatos Fúgate (2005). En su quinta novela, Sexto sueño, la aventura se da entre disecciones y boleros.
La voz narrativa que domina la novela, la anatomista y compositora de boleros Violeta Cruz, se siente elegida para recrear la vida del cadáver de Nathan Leopold, autor del llamado “crimen del siglo”. Leopold pasó 34 años en prisión por el asesinato del joven Bobby Franks en Chicago en 1924. El asesinato, que fuera ejecutado con la ayuda de Richard Loeb, llamó la atención pública en la medida que los asesinos eran jóvenes acomodados, lectores de Nietzsche, quienes se disponían a cometer el “crimen perfecto”. Desde luego, la perfección del crimen quedó en entredicho: los lentes de Leopold fueron hallados cerca del cadáver de Franks. Los jóvenes fueron defendidos por el abogado Clarence Darrow, famoso por oponerse a la pena capital y quien dictó un espectacular discurso a favor de los jóvenes. Años después, Loeb fue asesinado en la cárcel a manos de otro reo mientras que Leopold se exilió en el poblado de Castañer al recuperar su libertad. En Puerto Rico, Leopold se convirtió en filántropo; se casó con una viuda acomodada; enseñó matemática y publicó el libro Checklist of birds of Puerto Rico and the Virgin Islands (1963).
Precisamente, es la vida enigmática de Leopold en Puerto Rico lo que genera la aventura literaria de Aponte Alsina. Uno de los muchos méritos de la novela es que su autora no sólo ha elegido una historia interesante para escribir su texto sino que se ha apropiado de la misma llenando los huecos históricos con una poderosa imaginación. En Sexto sueño, no aparece el joven Leopold, especialista en pájaros, admirador de Loeb y ejecutor de un crimen. El Leopold que Aponte Alsina rescata es un Leopold domesticado a la merced de su esposa Trudi Feldman, un traductor de Aretino, un hombre que ha robado una momia, Irenaki, que a su vez le inspira la redacción de un texto titulado La ciudad blanca, y un viejo que se ha enamorado de una leprosa. Aponte Alsina le rinde un homenaje a Leopold en la medida en que lo humaniza ante el lector.
La recreación de la vida de Nathan Leopold queda enriquecida con la suma de personajes interesantes como el músico negro Sammy Davis Jr. y la bella leprosa Carmen. Leopold y Davis tienen, incluso, un encuentro en la terraza de una suite del Hotel San Juan en Isla Verde el 9 de enero de 1965, que Violeta Cruz inventa y evoca. La misma Violeta parece unirse a los personajes al afirmar: “¿Quién es Violeta, la narradora de esta historia?, pregunta Leopold en tono agresivo, con intención de retarme” (205). Al final, Violeta Cruz saldrá definitivamente de la historia al aparecer un narrador en tercera persona quien ha estado manejando los hilos de la narración desde el principio. El texto bajo el título de “Post Mortem” debe leerse como una acotación o explicación de lo que el lector ha leído previamente.
Esta convergencia de personajes explica muy bien la teoría sobre la novela que propone la voz narrativa: una novela debe construirse como una pirámide. Citando a Flaubert, Violeta Cruz insiste que una novela se construye como las pirámides y no como se descuartiza un cadáver (38). Más adelante afirma: “Por eso yo digo que en toda novela hecha a semejanza de una pirámide tiene que haber un poquito de aire. Para afirmarlo de manera equívoca, en novelas tan tenebrosas como la que me he propuesto a escribir, si acaso me sostiene el aliento, no pueden faltar las momias, esas criaturas cuya gracias proviene del sol” (149). Los personajes que coinciden en la trama —incluyendo la momia— lo hacen a manera de una pirámide en su sentido geométrico: son triángulos que se juntan en un solo punto (vértice) cuya base es un polígono cualquiera. Ese vértice le sirve a Aponte Alsina para explorar un determinado segmento de la historia del siglo XX, en el que se ejerció lo que Foucault llamó el “biopoder”: un modo de control sobre las relaciones entre los humanos y su ambiente; en fin, medidas reguladoras impuestas a la población. De este modo, Aponte Alsina presenta una crítica solapada al uso de las mujeres para experimentos con métodos anticonceptivos y la experimentación de la vacuna contra la malaria en los presos de Chicago.
La voz narrativa se opone a que su relato sobre la vida de un muerto se lea como una disección: “Pero no quisiera que este relato de la vida de un muerto fuera una disección más. No me inspira escribir un culebrón malsano de sangre regada por el piso y claves descuartizadas en los miembros cortados. Una novela no se descuartiza como un cadáver” (38). Aún así, Aponte Alsina escribe con el cuidado de un disector. El esmero en la selección de las palabras, la fina mirada a los personajes que recrea y la elegancia en el acto de narrar se asemejan a la precisión del corte y la mirada examinante de quien se encuentra ante un cadáver.
La novela, dividida en tres partes, se ramifica en múltiples capítulos en los cuales los personajes parecen cobrar vida. Cada capítulo puede leerse como un micro mundo, lo que permite que la novela se disfrute a cada momento. Aponte Alsina —insisto— se ha lanzado a la aventura al escribir Sexto sueño; le corresponde al lector lanzarse a la aventura de leerla.